Abandonando el refugio del escalpelo
que secunda el drenaje del silencio,
se inaugura un líquido insomnio
que derrama los suburbios de mi pena.
Recorriendo sigilosamente los recodos
que perturban la quietud de las heridas,
manuscrito de las venas indelebles
como plumas que se enredan.
Traspone la virtud del desaliento
en contraste con la sangre que segrega,
se va hundiendo en el fondo de tu risa
una hilera de lágrimas que sueñan.
Insisto en el camino del desorden
intento recobrar una palabra ajena,
tus brazos y tus labios son espuma
de un recuerdo que se va, pero se queda…