Natalicio
del ardor
que
atraviesa los instantes
de
un sentir sin condimentos
que
ha saturado el odio
sin
rebusques,
sin
recelos.
Yo
creo en el amor
que
comprende
no
en el que perdona…
Amor
entendido,
acordado
con ternura
que
no se desgasta,
que
crece con delicia
sin
renuncias.
Creo en el amor perdurable
el de
las levedades intangibles,
no,
en el que emparcha con culpa.
Creo
en el devenir de lo entrañable,
sin
posesiones arbitrarias.
Esa
sensación atrayente que conquista
cotidianamente
la mirada.
El
que alimenta sin prejuicio,
el
que se acomoda soberanamente
en
la argamasa
tentando
la caricia
que
alivia la nostalgia.
Ese
que está en todas partes
que
ronda por las mesas y las camas,
un
soplo de tu pelo
un
bucle de tu alma
un
beso empecinado
que
entregue con los ojos la confianza…